top of page
Buscar

No estás estancado: estás en fase raíz

  • Foto del escritor: nefertariglam
    nefertariglam
  • hace 2 días
  • 8 Min. de lectura


En el espacio de la consulta clínica, es sumamente frecuente escuchar expresiones cargadas de frustración como:

  • Sé perfectamente que quiero cambiar, pero no logro avanzar

  • Entiendo racionalmente lo que me pasa, pero mis emociones siguen igual

  • Siento que estoy frente a un muro invisible


Estas palabras suelen llegar acompañadas de una sensación de derrota, como si el paciente estuviera fallando en su propio proceso de sanación.


Sin embargo, desde una mirada clínica profunda y actualizada, estos estados no deben etiquetarse apresuradamente como resistencia al cambio, falta de voluntad o una regresión en el tratamiento. En la gran mayoría de los casos, estas vivencias describen un fenómeno mucho más sutil y vital: un proceso interno activo, pero todavía invisible a la conciencia.


Podemos compararlo con el crecimiento de una semilla bajo la tierra: aunque en la superficie nada parece suceder, bajo la capa visible se están tejiendo las raíces necesarias para sostener el cambio futuro. Este "no avanzar" aparente es, en realidad, un tiempo de consolidación psíquica. El cerebro y el mundo emocional necesitan procesar la nueva información antes de que esta pueda traducirse en conductas externas. No es un tiempo muerto; es el silencio necesario para que la verdadera transformación, esa que es sólida y duradera, termine de madurar.


I. El error de confundir quietud con bloqueo

Vivimos inmersos en una cultura de la inmediatez que asocia erróneamente el bienestar con los resultados visibles. Se nos presiona para exhibir mejoras rápidas, proyectar emociones "positivas" constantes y ejecutar conductas claras que validen nuestro progreso ante los demás. Sin embargo, los procesos psicológicos profundos poseen una naturaleza que ignora por completo los relojes externos.


El sistema nervioso, la arquitectura de la autoestima y la autorregulación emocional no operan de forma lineal ni ascendente. No son una escalera que se sube peldaño a peldaño, sino más bien un ecosistema que atraviesa estaciones. Antes de que surjan nuevos recursos conductuales —es decir, antes de que "hagamos" algo distinto— ocurre una fase crítica de reorganización interna. Es un periodo de reajuste donde las piezas de nuestra identidad se mueven para crear una base más sólida.


Desde una perspectiva externa, esta etapa puede ser malinterpretada como estancamiento, apatía o incluso retroceso. Pero, desde el interior, es puro trabajo de preparación. Es el silencio necesario antes del estallido de una nueva comprensión. Ignorar esta fase de latencia es como pedirle a una herida que cicatrice más rápido solo porque tenemos prisa: la verdadera sanación requiere un tiempo que la voluntad, por sí sola, no puede acelerar.


1. La metáfora de la raíz (y por qué es clínicamente útil)

En campos tan complejos como la psicología del desarrollo y el abordaje del trauma, existe una jerarquía biológica y psíquica innegociable: primero se crea seguridad, después se desarrolla flexibilidad y solo al final emerge la expresión y la acción. Este orden no es aleatorio; es la estructura necesaria para que cualquier cambio sea sostenible y no una simple máscara conductual.


La naturaleza nos ofrece el espejo perfecto para entenderlo. A finales del invierno, el paisaje puede parecer desolado, gris e inalterado. Sin embargo, bajo esa apariencia de quietud, la savia ya está ascendiendo con fuerza. Las raíces se activan, se expanden y se fortalecen mucho antes de que la primera hoja o flor se atreva a brotar. En la psique humana, esta "fase raíz" es donde se libran las batallas más importantes.


Integrar esta metáfora en el espacio clínico resulta transformador por tres razones fundamentales:

  • Reduce la culpa. El paciente deja de verse como "alguien que falla" para verse como alguien que está "enraizando".

  • Normaliza la lentitud. Despatologiza los tiempos pausados, otorgándoles un valor estratégico y biológico.

  • Devuelve el sentido. Permite entender que el silencio o la introspección no son vacío, sino preparación.


Debemos recordar siempre que no todo lo que no se ve está detenido. A veces, el mayor movimiento es aquel que ocurre hacia adentro, asegurando que, cuando llegue la primavera emocional, el individuo tenga el sustento necesario para florecer sin quebrarse.


2. Lo que ocurre psicológicamente en la “fase raíz”

Cuando el progreso externo parece detenerse, es porque los recursos energéticos se han desplazado hacia las profundidades del individuo. Durante estos periodos de aparente pausa, suelen activarse procesos vitales de reorganización de creencias nucleares, donde las certezas que antes sostenían la vida son cuestionadas para dar paso a nuevas estructuras. Es un tiempo de duelo por identidades antiguas; para que nazca quien queremos ser, debemos permitir que muera la versión de nosotros que ya no nos sirve.


A nivel fisiológico, asistimos a una recalibración del sistema nervioso. Se produce un descenso necesario de la hiperactivación (la alerta constante) o del colapso (la desconexión total), buscando un punto de equilibrio más saludable. Esto conlleva una mayor sensibilidad emocional, que no debe confundirse con fragilidad, sino entenderse como una mayor capacidad de conexión con el mundo interno.


Es lógico, por tanto, que la persona experimente síntomas que a menudo se malinterpretan: cansancio profundo, dudas existenciales, una persistente sensación de vacío y una notable disminución de la motivación externa. Sin embargo, desde una mirada clínica rigurosa, esto no es un retroceso. Es integración. Es el proceso por el cual el conocimiento teórico baja al cuerpo y se convierte en sabiduría vivencial. Sin esta fase, cualquier cambio sería meramente superficial y terminaría por desmoronarse ante la primera crisis.


II. La sabiduría de la hibernación. Respetar el reloj biológico

Las tradiciones antiguas observaban con detenimiento el comportamiento animal para descifrar los ciclos de la vida y el clima. Hoy, la neurobiología moderna valida esa observación: muchos mamíferos hibernantes no abandonan su refugio basándose en una fecha arbitraria, sino solo cuando el entorno es suficientemente seguro y sus reservas internas están listas.


El sistema nervioso humano opera bajo una lógica asombrosamente similar. No activa los motores del cambio profundo ni despliega nuevas conductas hasta que percibe que las condiciones internas —la estabilidad emocional, el apoyo social o la energía disponible— son las adecuadas. En su sabiduría evolutiva, el organismo siempre prioriza la protección y la homeostasis frente a la exigencia externa de rendimiento.


Ignorar este ritmo y "forzar la salida" de la cueva antes de tiempo suele ser contraproducente. Cuando la voluntad empuja un sistema que aún no se siente seguro, se desencadenan mecanismos de defensa que generan:

  • Picos de ansiedad. El sistema interpreta la exigencia como una amenaza.

  • Autoexigencia paralizante. Una voz crítica que castiga la "lentitud" y bloquea aún más el proceso.

  • Abandono terapéutico. El paciente se siente incapaz o defectuoso, cuando en realidad solo necesitaba más tiempo de maduración.


Debemos reivindicar que, en muchas etapas del camino, esperar no es una forma de pasividad, sino una estrategia activa de autocuidado. Respetar ese tiempo de espera es lo que permite que el sistema nervioso se regule de manera genuina, asegurando que cuando el individuo finalmente "salga" al cambio, lo haga con recursos sólidos y no desde el agotamiento.


1. Luz sutil, no luz intensa

En las antiguas festividades de finales de invierno, la tradición no dictaba encender grandes hogueras que lo consumieran todo, sino pequeñas luces que señalaran el camino. En el ámbito de la salud mental, esta distinción es crucial: en la fase raíz, lo clínicamente recomendable no es el "empuje" heroico ni las decisiones drásticas, sino la gestión de lo cotidiano.


Cuando una persona está en plena reorganización interna, el sistema nervioso no tiene excedentes de energía para grandes revoluciones. Por ello, la eficacia terapéutica en este punto reside en intervenciones mínimas pero constantes. En lugar de buscar "el gran cambio", el enfoque debe virar hacia:

  • Sostener rutinas básicas. Alimentación, hidratación y movimiento suave que mantengan el cuerpo anclado.

  • Cuidar el descanso. Entender que el sueño es el taller donde se procesa la información emocional.

  • Mantener vínculos reguladores. Estar con personas que calmen, no que exijan resultados.

  • Reducir el juicio interno. Sustituir el "¿por qué sigo así?" por el "estoy en proceso".


Forzar una "luz intensa" (grandes cambios de vida, decisiones irreversibles) cuando todavía estamos enraizando puede encandilarnos y llevarnos al error. En cambio, las pequeñas intervenciones tienen un impacto acumulativo mucho más potente. No se trata de iluminar todo el bosque de golpe, sino de llevar una pequeña linterna que nos permita ver dónde ponemos el pie hoy. Al final, la acumulación de estos pequeños actos de cuidado es lo que termina por construir la seguridad necesaria para dar el salto definitivo.

El cambio sostenido no necesita intensidad, sino constancia y seguridad.

Un mensaje terapéutico importante

Si en este momento de tu vida te encuentras en un punto donde entiendes mucho más sobre tu historia, pero sientes que actúas menos que antes; si percibes que algo profundo se está moviendo en tu interior, pero aún no tienes palabras para nombrarlo, o si notas una incomodidad persistente que no logras traducir en acciones concretas, detente un segundo.


La tendencia natural de nuestra mente, educada en la eficiencia, es etiquetar esto como un fracaso. Sin embargo, no asumas automáticamente que estás bloqueado. Lo que experimentas no es un muro, sino un umbral.


Estás atravesando una fase previa, necesaria y legítimamente humana del cambio. El autoconocimiento no siempre se traduce de inmediato en movimiento externo; a menudo, primero se manifiesta como un peso, una duda o una pausa necesaria. El sistema nervioso está "descargando" nuevas formas de procesar la realidad, y ese proceso consume mucha energía interna. No te castigues por no correr cuando todavía estás aprendiendo a sostenerte de una manera nueva.


Respeta tu ritmo. Confía en la sabiduría de tu propia "fase raíz". A veces, el mayor acto de valentía terapéutica no es forzar un paso adelante, sino permanecer presente y compasivo mientras el cambio termina de madurar en la sombra.


III. La dignidad de la raíz

Desde la psicología profunda, debemos reaprender a mirar el progreso. El crecimiento no siempre se manifiesta como un avance visible, una victoria externa o un cambio de conducta radical. A veces, el crecimiento más genuino aparece bajo el disfraz de una pausa con sentido, de un silencio activo o de una raíz que se fortalece en la oscuridad del mundo interno.


Es vital recordar que las raíces —aunque no se vean y no reciban aplausos— son las que sostienen todo lo que vendrá después. Sin esa base invisible, cualquier brote verde sería frágil y efímero. Por eso, cuando sientas que "nada sucede", recuerda que estás construyendo los cimientos de tu próxima versión. No estás perdiendo el tiempo; estás ganando profundidad.


Este es un espacio de encuentro

Si has llegado hasta aquí, si estas palabras han vibrado en alguna parte de tu pecho, es porque tu alma está lista para este viaje. Este blog no es un monólogo, es un diálogo. Es un lugar para las que buscan algo más que una solución rápida; para las que desean una transformación auténtica.

Este espacio es para ti si:

  • Sientes el llamado de vivir con más lentitud y propósito.

  • Estás cansada de las dietas que no nutren y de las rutinas que no sanan.

  • Deseas reconciliarte con tu imagen y con tu historia.

  • Crees que la espiritualidad y la ciencia pueden y deben caminar de la mano.


Una invitación al círculo

Este es solo el primer paso. El camino es largo y está lleno de matices hermosos. Te invito a formar parte de nuestra comunidad suscribiéndote a la newsletter. En ella, compartiré contenido que no verás aquí: rituales estacionales profundos, meditaciones guiadas, listas de lectura curadas y descuentos exclusivos en terapias y cosmética que realmente respetan tu piel y el planeta.


Es información privilegiada, sí, pero sobre todo es información con alma, enviada directamente a tu bandeja de entrada para recordarte, una vez por semana, que mereces ser tu prioridad.

🌿 Empieza a quererte, porque eres el proyecto más importante de tu vida.

🌙 Reconecta con tu esencia, porque ahí reside tu verdadero poder.

✨ Permítete florecer, porque el mundo necesita tu luz única.


Bienvenida a este viaje de regreso a casa. Bienvenida a tu blog de bienestar holístico.




 
 
 

Comentarios


Envíame un mensaje y dime lo que piensas

¡Gracias por tu mensaje!

© 2026 Creado por NefertariGlam

bottom of page